Hoy he visto una escena que se repite más de lo que parece.
Una pareja joven, sentada en un banco frente a un portal de Barcelona.
Tenían una carpeta en las manos, de la inmobiliaria XXX, y he visto más de una vez esa mirada que es una mezcla de ilusión con un nudo en el estómago.
No hablaban. Solo respiraban hondo. He reconocido ese gesto al instante.
Es el gesto de quien está a punto de tomar una decisión importante por primera vez. Se nota en los hombros, en la forma de mirar el suelo, en cómo se aprieta la carpeta sin darse cuenta. El gesto que menciono es de quien piensa: «¿Y si me equivoco o nos equivocamos?”
Este miedo aparece siempre cuando la decisión pasa de ser un sueño a la perspectiva de una realidad.
Previamente a esta decisión cuando es un proyecto no hay miedo te dedicas a:
-Mirar anuncios
– Cuando haces visitas
En esta fase es cuando sueñas con cómo sería vivir allí.
Cuando te toca elegir. A partir de aquí toca tomar decisiones se entra en otra fase que aparece el vértigo.
El miedo no significa que algo vaya mal. Significa que te importa. Significa que quieres hacerlo bien.
Sentir la calma a veces es porque necesita más información. Decirte a ti mismo no sé por dónde empezar:
“Tengo miedo a equivocarme.”
Y esperas que alguien te diga:
“Vamos a mirarlo con calma, no te preocupes. Te acompaño en este proceso.”
La mayoría de los errores no vienen de decidir mal. Vienen de decidir rápido.
Hoy, al ver a esa pareja en el banco, he pensado en todas las veces que ese miedo es un recordatorio de que las decisiones importantes merecen un ritmo humano. Cuando entiendes los pasos, los riesgos y las opciones, el miedo baja.
Debe estar conectado para enviar un comentario.